jueves, 18 de agosto de 2011

Capitulo XVIII-olvido


Desperté en una habitación de hospital, mire hacia todos lados, la luz me molestaba, vi hacia un lado y estaba Isa dormida en un sillón al lado de la cama. Moví los brazos un poco pero me dolían, el cuerpo también, mire debajo de mis sabanas, vi heridas y moretones, no sabía que estaba pasando, no sabía que había pasado ni porque estaba aquí.

Eclipse estas despierta – dijo Isa abriendo los ojos-

¿Qué me paso? – pregunte dudosa-

¿No recuerdas lo que paso? – pregunto Isa asombrada-

Solo recuerdo que vi a Espilce y a él…- dije bajando la mirada-

Y a Dante – dijo Isa-

¿Dante? – Pregunte - ¿Quién es Dante?

Eclipse Esmeralda, no recuerdas a Dante – dijo Isa asombrada-

No sé, no sé de quién me estás hablando Isabelle – dije mirándola fijamente- no se que me paso completamente, no sé porque estoy aquí.

Tu luchaste eclipse, luchaste como nunca lo hiciste y te descontrolaste, por eso estas aquí – dijo Isa mirándome-

¿Luchar? – pregunte-

Si Eclipse Esmeralda luchaste contra tu hermana y contra el. No supiste controlar tu poder y terminaste aquí – dijo Isa-

Mire mi cuerpo y las heridas, sentí dolor en la espalda. Comprendí que me habían operado.

¿Por qué me operaron?- le pregunte a Isa-

Porque fuiste un escudo humano para el hombre de tu vida, el que no recuerdas Eclipse, salvaste al amor de tu vida y no lo puedes recordar – Dijo Aurora irrumpiendo en la habitación-

¿El amor de mi vida? …. – me pregunte a mi misma- ¿escudo humano?

Si Eclipse eso fue lo que sucedió – dijo Aurora-

En ese momento varias imágenes vinieron a mi mente, me vi luchado contra Espilce y el, vi algunos de mis movimientos y los de ellos. Pero no comprendía porque no podía recordar a ese tal Dante del que me hablan.

Ese sable – dije pensando en voz alta-

¿Cuál sable? – Pregunto Isa-

¿Que ustedes no lo vieron?, estaba luchando con un sable – dije mirándolas a ambas-

Eso fue lo que usaste para atacarlos y cortarlos Eclipse – dijo Isa sorprendida-

Aurora solo se limitaba a mirarme sin decir nada, estaba ahí de pie pensativa.

Tu sabes algo Aurora, dime que sabes – le dije mirándola seria-

Ese sable Eclipse, es una leyenda de hace cientos de años – dijo aurora sorprendida

¿Una leyenda? – Dijo Isa-

Se dice que ese sable estuvo entre los dos mundos de las gemas y las piedras negras, más allá de la tierra, entre los dioses de las gemas y de las piedras negras. Se dice que la persona que obtenga ese sable será la única capaz de obtener una fuerza infinita, porque el sable es quien escoge quien tendrá la capacidad y el poder de poseerlo. ¿Segura que fue un sable Eclipse? – Pregunto Aurora-

Era un sable, yo lo tenía en las manos… - dije cuando me vinieron mas imágenes de ese momento-

¿Eclipse? – Dijo Aurora acercándose a mí-

Fue cuando le di la espalda a él… - dije en voz baja-

Ryan Circón – dijo Isa-

Cuando le di la espalda sentí como esa fuerza iba corriendo por cada una de mis venas, como subía por mi sangre, como se apoderaba de mí y yo no quería detenerlo, ahí fue cuando uni mis manos inconscientemente y salió el sable de la nada, en cuanto lo tuve en mis manos supe que hacer – dije mirando mis manos-

También se decía que solo el dueño del sable podía verlo y que él era el único que podía decidir si mostrarlo o no. Eclipse tú fuiste la elegida, ese poder que tienes, fue tan fuerte para que el sable te eligiera, si hubiera podido los hubieras asesinado a ambos ahí mismo – dijo Aurora mirándome-

Y no estaba completamente molesta – levante la mirada hacia las chicas que me miraban sorprendidas- sentía que mientras más luchaba mas poder llegaba a mí, sentía que podía ser más fuerte ese poder en mi.

Pero a pesar de tu poder, tu ira, tu fuerza, tu furia, no le hiciste daño a Dante. Al contrario, lo salvaste de ser baleado por los chicos – dijo Isa-

¿Pero quién es Dante? Yo no recuerdo nada de lo que me dicen ustedes, no recuerdo nada mas – dije alterándome-

Eclipse no te alteres, no es bueno que lo hagas – dijo Isa asustada-

Pero ya era tarde, me había alterado demasiado, trataba de forjar mi mente para recordar lo que me estaban diciendo, no sabía de que me hablaban, no sabía de ese tal Dante de quien tanto hablaron, el que salve. Mi pulso comenzó a acelerarse, entro el médico y las enfermeras a la habitación y me inyectaron haciendo que me quedara profundamente dormida.

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